viernes, 9 de noviembre de 2012

LUCANAMARCA


Desde el techo de su casa el pequeño Epifanio observaba atónito como se manchaba de sangre la plaza de Lucanamarca. Tenía 10 años y a su corta edad contempló uno de los más terribles episodios que el sanguinario Sendero Luminoso perpetró en su comunidad. El momento más amargo para Epifanio Quispe fue presenciar un tumulto de hombres tirados en el suelo y empapados de gasolina, grande fue su temor cuando descubrió que uno de ellos era su padre.

Mientras Sendero Luminoso  mataba a los campesinos con hachas, balas y machetes, el valiente niño gritó con toda su fuerza ¡Vienen los Sinchis, escapen compañeros!, aquella inocente mentira alertó a los terroristas que huyeron sin culminar sus ejecuciones, gracias a esa osada intervención lograron sobrevivir a la masacre el padre de Epifanio y otros comuneros.


La tarde del 3 de abril de 1983 murieron 69 campesinos con disparos en la cabeza, golpes con hachas y machetes por todo el cuerpo, los cadáveres fueron enterrados en fosas comunes. La Comisión de la Verdad y Reconciliación 19 años después de la masacre ordenó al Ministerio Público que exhumaran los restos de los fallecidos para que procedan  con la identificación de los cuerpos.

En el 2003 los pobladores de Santiago de Lucanamarca por fin pudieron sepultar a sus familiares. Aunque habían pasado 20 años de la matanza;  demostraron que aun mantienen vivo los recuerdos de dolor y tragedia ocasionados por el sanguinario Pensamiento Gonzalo que destruyó los sueños e ilusiones de una humilde población ayacuchana. 

Así fue como Sendero Luminoso asesinó a campesinos inocentes, víctimas de la guerra interna que se vivió en nuestro país. Lucanamarca jamás podrá reponerse de aquel espeluznante episodio porque para ellos la palabra "terrorismo" tiene el peor de los significados.


Testimonios de los sobrevivientes en Lucanamarca: